D6 OCT: Tomografía de Coherencia Óptica
Tópico
La tomografía de coherencia óptica divide un mismo haz de luz de baja coherencia en dos caminos distintos: un haz de referencia, que recorre una distancia fija y conocida antes de reflejarse de vuelta, y un haz de muestra, que se dirige hacia el ojo y se refleja en cada una de las estructuras que encuentra a su paso, a distintas profundidades. Cuando el haz de referencia y el haz de muestra vuelven a juntarse, producen un patrón de interferencia que solo aparece con claridad cuando la distancia que recorrió el haz de muestra hasta reflejarse en una estructura determinada coincide, casi exactamente, con la distancia fija que recorrió el haz de referencia.
Como la tomografía de coherencia óptica conoce de antemano la distancia exacta que recorre el haz de referencia, puede calcular, a partir de en qué momento aparece el patrón de interferencia, la profundidad exacta de cada estructura del ojo en la que se reflejó el haz de muestra para producir ese patrón de interferencia. Esta forma de calcular la profundidad a partir de la interferencia, y no a partir de enfocar una imagen óptica convencional, es lo que le permite a la tomografía de coherencia óptica distinguir estructuras separadas por una distancia axial de tan solo entre cinco y siete micras, una resolución axial mucho más fina de la que lograría cualquier imagen óptica convencional del mismo ojo.
Para producir ese patrón de interferencia y calcular la profundidad de cada estructura, la tomografía de coherencia óptica de dominio espectral captura de una sola vez todo el espectro de longitudes de onda del patrón de interferencia con un espectrómetro, mientras que la tomografía de coherencia óptica de fuente barrida recorre esas mismas longitudes de onda una por una, muy rápido, con un láser que cambia de longitud de onda continuamente. La tomografía de coherencia óptica de fuente barrida, al recorrer longitudes de onda más largas que las que usa la de dominio espectral, logra una profundidad de penetración mayor dentro del ojo, alcanzando con más claridad estructuras más profundas que a veces la tomografía de coherencia óptica de dominio espectral no logra atravesar con la misma nitidez.
Con esta misma capacidad de medir profundidad a partir de la interferencia, la tomografía de coherencia óptica puede generar imágenes de corte transversal de distintas partes del ojo según hacia dónde se dirija el haz de muestra: hacia la retina, distinguiendo cada una de las capas retinianas por separado con la resolución axial de pocas micras que logra la tomografía de coherencia óptica; hacia el nervio óptico, midiendo el espesor de sus fibras capa por capa; o hacia el segmento anterior, midiendo con la misma resolución axial el espesor corneal central y la profundidad de la cámara anterior.
Gracias a que la tomografía de coherencia óptica puede medir con esa misma precisión el edema y el líquido acumulado en las capas retinianas de la mácula, es el estándar para monitorizar la degeneración macular asociada a la edad y el edema macular diabético, mostrando directamente si la exudación y el edema siguen presentes entre las capas retinianas. Gracias a que puede medir el espesor de las fibras del nervio óptico capa por capa, es también el estándar para dar seguimiento al glaucoma, complementando el mapa de sensibilidad que entrega la campimetría con una medida estructural directa del propio nervio óptico. Y gracias a que puede medir el espesor corneal central y la profundidad de la cámara anterior con la misma resolución axial fina, la tomografía de coherencia óptica con la que abre este modelo también sirve para planificar cirugías, desde la cirugía refractiva hasta el reemplazo del cristalino por una lente intraocular, aportando las mismas medidas de precisión que antes dependían de instrumentos distintos para cada estructura del ojo.
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