D5 Tonometría: Medición de Presión Intraocular
Tópico
El tonómetro de aplanación de Goldmann mide cuánta fuerza hace falta para aplanar, hasta un área fija y conocida de antemano, una zona pequeña de la córnea. Si se trata a la córnea como una membrana delgada que solo resiste el aplanamiento por la presión que hay adentro del ojo, y no por ninguna rigidez propia de la córnea misma, entonces esa fuerza de aplanación, dividida entre el área de aplanación fija que usa el tonómetro de aplanación de Goldmann, corresponde exactamente a la presión intraocular que hay dentro del ojo: por eso el tonómetro de aplanación de Goldmann puede calcular la presión intraocular simplemente a partir de cuánta fuerza necesitó para aplanar esa área fija de la córnea.
El tonómetro de aire mide algo parecido sin tocar directamente la córnea: dispara un breve chorro de aire hacia la córnea y mide cuánta presión de aire o cuánto tiempo hace falta para aplanar la córnea hasta ese mismo punto de referencia, en vez de medir la fuerza de un instrumento que la toca físicamente. El tonómetro de rebote, comercializado por ejemplo bajo el nombre iCare, en cambio, deja que una sonda muy liviana golpee brevemente la córnea y rebote de vuelta, y mide cómo se frena y cómo rebota esa sonda al tocar la córnea, porque una córnea sometida a una presión intraocular más alta resiste más ese contacto y frena la sonda de una manera distinta que una córnea sometida a una presión intraocular más baja.
El supuesto que usa el tonómetro de aplanación de Goldmann para calcular la presión intraocular a partir de la fuerza de aplanación —que la córnea no aporta ninguna resistencia propia al aplanamiento— no es exactamente cierto: la propia córnea tiene una rigidez corneal que depende, entre otras cosas, del espesor corneal central de esa córnea en particular, y esa rigidez corneal también resiste el aplanamiento, sumándose a la resistencia que aporta la presión intraocular real.
Cuando el espesor corneal central de una persona es mayor que el espesor corneal central que asumió la calibración del tonómetro de aplanación de Goldmann, la rigidez corneal adicional que aporta ese espesor corneal central mayor hace que se necesite más fuerza de aplanación de la que correspondería solo a la presión intraocular real, así que el tonómetro de aplanación de Goldmann sobreestima la presión intraocular real de esa persona. Cuando en cambio el espesor corneal central de una persona es menor que el espesor corneal central que asumió la calibración, la córnea resiste menos de lo esperado, hace falta menos fuerza de aplanación, y el tonómetro de aplanación de Goldmann subestima la presión intraocular real de esa persona.
Por eso la presión intraocular que mide el tonómetro de aplanación de Goldmann se corrige tomando en cuenta el espesor corneal central medido por separado, como el que entrega la topografía corneal: a una persona con un espesor corneal central mayor de lo habitual se le ajusta la presión intraocular medida hacia abajo, y a una persona con un espesor corneal central menor de lo habitual se le ajusta la presión intraocular medida hacia arriba, para acercarse más a la presión intraocular real. Esta corrección importa porque la presión intraocular, medida y corregida por el espesor corneal central, funciona como una aproximación del riesgo de daño al nervio óptico que describe el modelo del glaucoma, y no como una medida perfecta de ese riesgo: una persona con un espesor corneal central delgado podría tener una presión intraocular real más alta de lo que sugiere la lectura del tonómetro de aplanación de Goldmann sin corregir, y ese margen de error podría hacer que su riesgo real de daño al nervio óptico pasara desapercibido si no se corrige la medición por el espesor corneal central.
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