A7 Discromatopsias: Deficiencias en la Vision del Color
Tópico
En la retina, además de las células responsables de la visión en condiciones de poca luz, existen tres tipos de conos, cada uno con una sensibilidad espectral distinta: el cono S responde mejor a las longitudes de onda cortas, el cono M a las longitudes de onda intermedias, y el cono L a las longitudes de onda largas. El cerebro no percibe un color comparando la sensibilidad espectral de un solo tipo de cono contra una referencia fija, sino comparando cuánto se activa cada uno de los tres tipos de conos entre sí ante la misma luz: es esa comparación entre los tres tipos de conos, y no la respuesta aislada de ninguno de ellos, la que finalmente determina qué color se percibe.
De los tres tipos de conos, el cono M y el cono L tienen una sensibilidad espectral que ya de por sí se superpone bastante entre sí, mucho más de lo que se superpone la sensibilidad espectral del cono S con la de cualquiera de los otros dos; por eso la comparación entre el cono M y el cono L, aunque exige distinguir una diferencia más sutil que la comparación entre el cono S y los otros dos, es la que le permite al cerebro distinguir los colores que están entre el rojo y el verde. Cuanto menor es la separación espectral entre la sensibilidad espectral del cono M y la del cono L, más sutil es la diferencia que el cerebro tiene que distinguir para diferenciar esos colores, y más fácil es que esa diferencia deje de percibirse.
Cuando uno de los tres tipos de conos está completamente ausente o no responde en absoluto a ninguna longitud de onda, el cerebro ya no puede comparar ese tipo de cono con los otros dos, y la comparación que dependía de él deja de aportar información: a esta condición se le llama dicromacia. Si el tipo de cono ausente es el cono L, la dicromacia se llama protanopia, y si el tipo de cono ausente es el cono M, la dicromacia se llama deuteranopia; en ambos casos, sin el cono L o sin el cono M disponible para compararlo con el cono que sí queda, el cerebro pierde la capacidad de distinguir los colores que dependían específicamente de esa comparación entre el cono M y el cono L.
Cuando en cambio los tres tipos de conos están presentes y responden a la luz, pero la sensibilidad espectral del cono M y la del cono L, que ya de por sí se superponen bastante, se acercan todavía más entre sí de lo que se acercan en un ojo típico, la separación espectral entre ambas se reduce sin desaparecer del todo: a esta condición se le llama anomalía. Como la separación espectral entre el cono M y el cono L todavía existe, aunque reducida, el cerebro todavía puede comparar ambos conos y distinguir algo de la diferencia entre los colores que dependen de esa comparación, pero con mucha menos sensibilidad que en un ojo con la separación espectral típica entre esos dos conos. Si la sensibilidad espectral que se acerca de más es la del cono L, la anomalía se llama protanomalia, y si es la del cono M, se llama deuteranomalia.
Como tanto la dicromacia como la anomalía dependen de la sensibilidad espectral de los propios conos —ausente en un caso, demasiado parecida a la de otro cono en el otro caso— y esa sensibilidad espectral está determinada genéticamente desde antes del nacimiento, no existe ninguna corrección farmacológica capaz de modificarla. La corrección disponible son lentes con filtros de muesca espectral, comercializados por ejemplo bajo la marca EnChroma, que bloquean deliberadamente una banda estrecha de longitudes de onda justo donde la sensibilidad espectral del cono M y la del cono L se superponen más, ampliando artificialmente la separación espectral efectiva entre ambos conos para la luz que sí logra atravesar el lente. Estos lentes con filtros de muesca espectral ayudan más a quien tiene anomalía, porque todavía cuenta con algo de separación espectral entre el cono M y el cono L que el filtro puede ampliar, y ayudan mucho menos a quien tiene dicromacia, porque ahí no hay ningún cono M o cono L funcional cuya separación espectral el filtro pueda ampliar.
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