A5 Degeneración Macular Relacionada con la Edad (DMAE)
Tópico
En el centro de la retina, la misma capa sensible a la luz que recibe la imagen que el ojo enfoca sobre ella, se encuentra la mácula, y dentro de la mácula, en su punto más central, está la fóvea, la zona de la retina con la mayor concentración de receptores de luz y, por eso mismo, la responsable de la visión central: la parte de la imagen que se ve con más nitidez y más detalle, a diferencia de la visión periférica, que rodea a la visión central pero nunca alcanza su misma nitidez. La degeneración macular asociada a la edad daña específicamente a la mácula y a la fóvea que contiene, dejando relativamente intacta a la retina periférica que sostiene la visión periférica, al contrario de lo que ocurre en el glaucoma, donde el daño empieza por la visión periférica.
Justo detrás de la retina, y separada de ella por una membrana delgada, se encuentra la coroides, la capa de vasos sanguíneos que nutre a la retina desde afuera sin invadirla directamente. En la forma húmeda de la degeneración macular asociada a la edad, las células de la mácula liberan en exceso el factor de crecimiento endotelial vascular, una señal química que impulsa el crecimiento de vasos sanguíneos nuevos; empujados por esa señal, vasos sanguíneos nuevos de la coroides atraviesan la membrana que normalmente la separa de la retina y crecen hacia adentro de la mácula, un proceso al que se le llama neovascularización coroidal.
Los vasos sanguíneos nuevos que crea la neovascularización coroidal no tienen la misma resistencia que los vasos sanguíneos normales de la coroides: sus paredes dejan escapar líquido, lípidos y a veces sangre hacia adentro y por debajo de la mácula, un escape al que se le llama exudación. La exudación que se acumula alrededor y debajo de la mácula provoca edema, una hinchazón que separa y distorsiona las capas ordenadas de la mácula, incluyendo la fóvea, justo en la zona que sostiene la visión central.
Como la exudación y el edema se concentran justo en la mácula y en la fóvea que contiene, y no en la retina periférica, la neovascularización coroidal degrada específicamente la visión central mientras deja relativamente intacta la visión periférica, incluso cuando la neovascularización coroidal ya está bastante avanzada. Esta degradación de la visión central puede avanzar mucho más rápido que la de otras enfermedades del ojo, porque la exudación y el edema, a diferencia de un daño que se acumula célula por célula con el tiempo, pueden aparecer y crecer en cuestión de días o semanas si la neovascularización coroidal sigue activa.
Como la neovascularización coroidal depende de que las células de la mácula sigan liberando el factor de crecimiento endotelial vascular en exceso, la corrección principal consiste en inyectar directamente dentro del ojo un medicamento —ranibizumab, aflibercept o bevacizumab, entre otros— que bloquea ese factor de crecimiento endotelial vascular, deteniendo el estímulo que mantiene activa a la neovascularización coroidal y permitiendo que la exudación y el edema alrededor de la mácula disminuyan. Para saber si la neovascularización coroidal sigue activa y si la exudación y el edema están disminuyendo, la tomografía de coherencia óptica genera imágenes detalladas de las capas de la mácula y la fóvea, mostrando directamente si todavía hay líquido acumulado entre ellas, mientras que la rejilla de Amsler le permite a la propia persona detectar en su casa, viendo si las líneas rectas de la rejilla se le distorsionan, cualquier nuevo brote de exudación o edema que afecte a su visión central antes de la siguiente revisión con tomografía de coherencia óptica.
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