A1 Ametropías: Miopía, Hipermetropía y Astigmatismo
Tópico
El ojo funciona como un sistema óptico que debe hacer converger la luz que entra desde el ambiente en un único punto exacto sobre la retina, la capa sensible a la luz que recubre el fondo del ojo. La córnea y el cristalino, las dos estructuras transparentes que la luz atraviesa antes de llegar a la retina, aportan juntas la potencia ocular: la capacidad del ojo para desviar los rayos de luz que entran paralelos entre sí y hacerlos converger hacia un mismo punto. Para que la imagen resulte nítida, esa convergencia tiene que completarse exactamente sobre la retina, ni antes ni después, lo que exige que la potencia ocular esté ajustada a la longitud axial del ojo: la distancia que hay, en línea recta, entre la córnea y la retina.
Cuando la potencia ocular y la longitud axial no están ajustadas entre sí, la convergencia de la luz ya no se completa exactamente sobre la retina, y el punto donde la luz efectivamente converge —el punto focal— cae antes de la retina, después de la retina, o en más de un lugar a la vez según la dirección en la que se mida, dependiendo de qué tipo de desajuste exista entre la potencia ocular y la longitud axial de ese ojo en particular.
Cuando la potencia ocular es demasiado alta para la longitud axial del ojo, o la longitud axial es más larga de lo que la potencia ocular de ese ojo puede compensar, el punto focal cae antes de llegar a la retina: la luz converge demasiado pronto, y para cuando esa luz efectivamente alcanza la retina, ya volvió a separarse después de cruzar el punto focal, formando una imagen borrosa. A esta condición se le llama miopía, y por eso quien tiene miopía ve borrosos los objetos lejanos, cuyos rayos de luz llegan casi paralelos entre sí y exigen menos convergencia de la que la potencia ocular de ese ojo ya aporta de más, mientras que sigue viendo con nitidez los objetos cercanos, cuyos rayos de luz llegan divergiendo y sí requieren toda esa potencia ocular adicional para converger justo sobre la retina.
Cuando ocurre lo contrario —la potencia ocular es demasiado baja para la longitud axial del ojo, o la longitud axial es más corta de lo que la potencia ocular de ese ojo necesitaría— el punto focal cae después de la retina: la luz todavía no terminó de converger cuando alcanza la retina, y llega a ella formando un círculo borroso en lugar de un punto nítido. A esta condición se le llama hipermetropía, y afecta primero a los objetos cercanos, porque verlos con nitidez exige la mayor cantidad de potencia ocular, precisamente la que a ese ojo le falta; los objetos lejanos, que exigen menos potencia ocular, pueden seguir viéndose con nitidez, sobre todo si el propio cristalino todavía puede aumentar su potencia ocular momentáneamente para compensar el desajuste.
El astigmatismo, en cambio, no depende de que la potencia ocular en conjunto sea demasiado alta o demasiado baja, sino de que la potencia ocular no sea la misma en todos los meridianos del ojo, las distintas direcciones en las que se puede medir la curvatura de la córnea o del cristalino. Cuando la córnea es más curva en un meridiano que en el meridiano perpendicular a ese, la luz que pasa por el meridiano más curvo converge antes que la luz que pasa por el meridiano menos curvo, así que ya no existe un único punto focal sobre la retina sino dos planos focales distintos, uno para cada meridiano, y ningún objeto —cercano o lejano— logra formar una imagen completamente nítida en la retina, porque siempre hay al menos un meridiano cuya luz todavía no converge o ya convergió de más.
Como la miopía y la hipermetropía se deben a un desajuste uniforme entre la potencia ocular y la longitud axial del ojo, se corrigen con lentes esféricas: una lente que resta potencia ocular en la miopía, para que el punto focal se atrase hasta la retina, o que suma potencia ocular en la hipermetropía, para que el punto focal se adelante hasta la retina, por igual en todos los meridianos. Como el astigmatismo, en cambio, se debe a una diferencia de potencia ocular entre meridianos, se corrige con lentes cilíndricas, que suman o restan potencia ocular solo en el meridiano que lo necesita, dejando los demás meridianos sin modificar, hasta que los dos planos focales del astigmatismo se unifican sobre la retina. Estas mismas correcciones ópticas pueden entregarse con lentes de contacto apoyados directamente sobre la córnea, o de forma permanente mediante cirugía refractiva, que remodela con láser la curvatura de la propia córnea para ajustar la potencia ocular del ojo —de manera uniforme para la miopía y la hipermetropía, o solo en el meridiano correspondiente para el astigmatismo— sin necesidad de ningún lente externo.
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