E75a Nichos Especiales: Hueso
Tópico
El hueso, como nicho para un tumor, se caracteriza en primer lugar por tener una matriz extracelular mineral, es decir, formada principalmente por minerales, con una rigidez extrema, muchísimo mayor que la de cualquier otro tejido blando del cuerpo. Esta rigidez tan extrema genera señales mecánicas propias del hueso que el propio tejido convierte en señales biológicas: por un lado, a través de las integrinas, las moléculas de anclaje que conectan a la célula con la matriz que la rodea, y por otro lado, a través de la piezoelectricidad del hueso, es decir, la capacidad que tiene el propio tejido óseo de generar una pequeña corriente eléctrica cuando se deforma mecánicamente.
El proceso físico central que ocurre cuando un tumor se instala en el hueso es lo que se conoce como el ciclo vicioso de la destrucción ósea. Este ciclo comienza cuando el tumor libera una molécula de señalización que activa directamente a los osteoclastos, las células especializadas del hueso encargadas de destruir y reabsorber el tejido óseo mineral.
Al activarse, los osteoclastos llevan a cabo la resorción ósea, es decir, destruyen y disuelven la matriz mineral del hueso, y al hacerlo, liberan un factor de crecimiento que hasta ese momento estaba atrapado dentro de esa misma matriz ósea.
Ese factor de crecimiento liberado de la matriz ósea estimula, a su vez, la proliferación de las propias células tumorales, y ese aumento de las células tumorales hace que se libere todavía más de la molécula de señalización que activa a los osteoclastos, cerrando así el ciclo vicioso de la destrucción ósea: más tumor activa a más osteoclastos, más osteoclastos destruyen más hueso, y más hueso destruido libera más factor de crecimiento que alimenta a un tumor todavía mayor.
Además de este ciclo vicioso de la destrucción ósea, existe un segundo mecanismo físico que explica por qué determinados tumores tienden a colonizar preferentemente el hueso: la arquitectura vascular del hueso está formada por unos vasos sanguíneos especiales de la médula ósea, llamados sinusoides, y las propias células de soporte de la médula ósea liberan una molécula de señalización que atrae específicamente a las células tumorales que tienen en su superficie el receptor correspondiente a esa molécula. Tanto las células del cáncer de próstata como las células del mieloma tienen en su superficie ese mismo receptor en una cantidad especialmente alta, lo que explica el tropismo óseo selectivo de ambos tumores hacia el hueso, a través de esos mismos sinusoides de la médula ósea.
Es este ciclo vicioso de la destrucción ósea, junto con el tropismo óseo selectivo que produce la arquitectura vascular del hueso sobre determinados tumores como la próstata y el mieloma, lo que explica por qué las metástasis óseas, una vez establecidas, tienden a crecer de forma autoalimentada, y por qué el tratamiento de estas metástasis a menudo busca precisamente interrumpir ese ciclo vicioso, por ejemplo bloqueando la activación de los osteoclastos, para frenar tanto la destrucción del hueso como el propio crecimiento del tumor que ese ciclo alimenta.
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