E72b Tejidos móviles: hígado, HCC y metástasis colorrectales
Tópico
El hígado es un caso único en la física del tratamiento del cáncer porque recibe sangre a través de dos circulaciones distintas al mismo tiempo: la arteria hepática y la vena porta. Esta doble circulación es lo que permite un tipo de tratamiento que no es posible en ningún otro órgano: la embolización arterial selectiva.
Un tumor hepático depende casi exclusivamente de la arteria hepática para recibir sangre, mientras que las células hepáticas normales, los hepatocitos, reciben la mayor parte de su sangre a través de la vena porta. Esta diferencia permite bloquear selectivamente la arteria hepática que alimenta al tumor: cuando se bloquea esa arteria, el tumor queda isquémico, es decir, sin el aporte de sangre que necesita para sobrevivir, mientras que el hepatocito normal sigue recibiendo sangre suficiente a través de la vena porta y sobrevive sin daño.
Este principio físico, el de poder bloquear selectivamente la arteria hepática sin dañar al hígado sano, es la base de dos tratamientos que se usan hoy en la práctica clínica: uno que combina el bloqueo de la arteria hepática con la administración local de quimioterapia directamente dentro de esa misma arteria, y otro que combina ese mismo bloqueo selectivo con la administración local de radioterapia interna dentro de la arteria hepática.
El carcinoma hepatocelular, el tumor primario más frecuente del hígado, se desarrolla con frecuencia sobre un hígado que ya tiene fibrosis o cirrosis, es decir, sobre un hígado cuyo tejido normal ya está cicatrizado y endurecido por un daño previo. Ese tejido hepático cicatrizado forma, alrededor del tumor, un estroma fibroso que reduce la difusión de los fármacos hacia el interior del tumor, dificultando que la quimioterapia administrada llegue en cantidad suficiente hasta las células tumorales.
Las metástasis colorrectales en el hígado son el ejemplo más característico de un tumor que llega al hígado a través de la vena porta, porque la sangre que sale del intestino grueso, donde se originan estos tumores, drena directamente hacia el hígado a través de la vena porta antes de llegar al resto del cuerpo. La probabilidad de que una célula tumoral colorrectal logre colonizar el hígado depende tanto de la cantidad de flujo sanguíneo que llega al hígado a través de la vena porta, como de la presencia, en la superficie de esa célula tumoral, de determinadas moléculas de adhesión, las integrinas, que son específicas del tejido hepático y que le permiten a la célula tumoral anclarse a él.
Es esta combinación de una doble circulación sanguínea, que permite tratamientos dirigidos selectivamente contra el tumor sin dañar al hígado sano, junto con la tendencia del carcinoma hepatocelular a crecer sobre tejido ya cicatrizado, y la ruta directa que ofrece la vena porta para la llegada de metástasis desde el intestino, lo que hace del hígado un órgano con una física del tratamiento oncológico completamente distinta a la de cualquier otro tejido del cuerpo.
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