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E61 Interacción tumor-sistema inmune

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El sistema inmunitario del paciente y el tumor mantienen entre sí una relación dinámica de tipo depredador y presa, semejante a la que describieron originalmente los científicos Alfred Lotka y Vito Volterra para las poblaciones de animales en la naturaleza: las células efectoras del sistema inmunitario —principalmente los linfocitos T citotóxicos y las células asesinas naturales— actúan como el depredador, y las células tumorales actúan como la presa. Las células efectoras del sistema inmunitario reconocen y destruyen a las células tumorales, reduciendo así la población del tumor.

Pero, a diferencia de una presa que no puede cambiar sus propias defensas, el tumor sí puede desarrollar mecanismos de escape que reducen la eficacia con la que las células efectoras del sistema inmunitario logran reconocerlo y destruirlo. El resultado de este pulso entre la capacidad del sistema inmunitario para reconocer y destruir al tumor, y la capacidad del tumor para desarrollar mecanismos de escape frente a esa vigilancia, es lo que determina si el tumor termina siendo controlado por completo, si permanece en un equilibrio estático con el sistema inmunitario, o si finalmente escapa a un crecimiento autónomo y sin control.

Ese pulso entre el sistema inmunitario y el tumor no es estático, sino que va cambiando con el tiempo, porque la propia presión que ejerce el sistema inmunitario actúa como una fuerza de selección sobre las células tumorales: las células tumorales más reconocibles por el sistema inmunitario son eliminadas preferentemente, mientras que las células tumorales menos reconocibles sobreviven y se multiplican. Con el paso del tiempo, esta selección va cambiando la composición del tumor, favoreciendo a los clones de células tumorales que son cada vez menos visibles para el sistema inmunitario, en un proceso llamado inmunoedición tumoral.

La inmunoedición tumoral atraviesa tres fases sucesivas. En la primera fase, llamada eliminación, el sistema inmunitario reconoce y destruye a las células tumorales más inmunogénicas, es decir, a las que resultan más visibles y reconocibles para él. En la segunda fase, llamada equilibrio, el tumor y el sistema inmunitario alcanzan una coexistencia estable, en la que el sistema inmunitario sigue conteniendo al tumor sin lograr eliminarlo por completo, mientras el tumor sigue presente sin poder crecer libremente. En la tercera fase, llamada escape, las células tumorales que sobrevivieron a la presión de las dos fases anteriores ya han perdido la capacidad de ser reconocidas por el sistema inmunitario, y el tumor queda entonces libre para crecer de forma autónoma y sin control.

Comprender esta relación dinámica entre el sistema inmunitario y el tumor, y en particular en qué fase de la inmunoedición tumoral se encuentra un paciente concreto, es lo que permite anticipar si el tumor de ese paciente está siendo contenido, si se encuentra en un equilibrio estático, o si ya ha escapado al control del sistema inmunitario. Es también la base física que justifica por qué los tratamientos que refuerzan a las células efectoras del sistema inmunitario, como los que actúan sobre los linfocitos T citotóxicos, pueden inclinar de nuevo esta relación de depredador y presa a favor del sistema inmunitario.

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gphysics.net - Dr. Willy H. Gerber
Palos Verdes, Costa de Corral, Región de los Rios, Chile