E51 Transporte vascular de células tumorales
Tópico
Cuando una célula tumoral abandona el tumor primario y entra al torrente sanguíneo, se convierte en lo que se conoce como una célula tumoral circulante. Desde ese momento, la célula tumoral circulante debe sobrevivir el tránsito por el torrente sanguíneo y, finalmente, salir de él para instalarse en un órgano distante, en un proceso que tiene varias etapas sucesivas: la salida del tumor primario, la entrada al torrente sanguíneo, la supervivencia durante el tránsito, y la extravasación, es decir, la salida del vaso sanguíneo, ya en el órgano distante.
De todas las células tumorales circulantes que entran al torrente sanguíneo, la inmensa mayoría muere durante el tránsito: solo una fracción extremadamente pequeña, muchísimo menos de una entre diez mil, logra completar todo el proceso, sobrevivir el tránsito por el torrente sanguíneo, y colonizar con éxito un nuevo sitio en el cuerpo. Esta enorme mortalidad en tránsito es la razón por la que la mayoría de las células tumorales que se desprenden del tumor primario nunca llegan a formar una metástasis.
La razón por la que tan pocas células tumorales circulantes sobreviven este tránsito es que, mientras están dentro del torrente sanguíneo, se enfrentan a tres tipos distintos de desafíos físicos y biológicos. El primer desafío es de naturaleza puramente mecánica: el propio flujo de la sangre genera fuerzas de cizallamiento sobre la célula tumoral circulante, es decir, fuerzas de fricción y arrastre que actúan sobre su superficie a medida que la sangre fluye a su alrededor, y que pueden llegar a dañarla o destruirla directamente.
El segundo desafío ocurre cuando la célula tumoral circulante, si logra sobrevivir a esas fuerzas de cizallamiento, se aproxima a la pared de un vaso sanguíneo: para poder extravasarse y abandonar el torrente sanguíneo, la célula tumoral circulante necesita adherirse al endotelio, que es la capa de células que recubre por dentro la pared de los vasos sanguíneos. Esta adhesión depende de mecanismos de unión celular específicos entre la célula tumoral circulante y el endotelio, y si la célula tumoral circulante no logra adherirse al endotelio, sigue arrastrada por el flujo sanguíneo sin poder salir de él.
El tercer desafío es de naturaleza biológica: mientras circula por el torrente sanguíneo, la célula tumoral circulante es un blanco para el sistema inmunitario del paciente, que puede reconocerla y destruirla. Además, al desprenderse del tumor primario, la célula tumoral circulante queda fuera de la matriz extracelular, el entorno de soporte que rodea normalmente a las células del tumor y les proporciona señales que las mantienen vivas; sin ese contacto con la matriz extracelular, la célula tumoral circulante pierde esas señales de supervivencia, y muchas mueren precisamente por esta ausencia mientras están sueltas en el torrente sanguíneo.
Es la combinación de estos tres desafíos sobre la célula tumoral circulante —las fuerzas de cizallamiento del flujo sanguíneo, la necesidad de adherirse al endotelio, y la pérdida de las señales de supervivencia que normalmente aporta la matriz extracelular— lo que explica por qué la aparición de una metástasis a partir de una célula tumoral circulante es un evento tan raro. Comprender físicamente este tránsito de la célula tumoral circulante por el torrente sanguíneo permite entender por qué, aun cuando el tumor primario libera continuamente células hacia la sangre, la mayoría de los pacientes no desarrollan una metástasis por cada una de esas células, sino solo a partir de las poquísimas que logran sobrevivir todo el recorrido.
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