D4 Biopsia e histopatología
Tópico
La biopsia y el estudio histopatológico son el método de referencia del diagnóstico oncológico: ningún hallazgo de imagen —ni la tomografía computarizada, ni la resonancia magnética, ni la tomografía por emisión de positrones— y ningún marcador que se mida en la sangre del paciente son suficientes por sí solos para empezar un tratamiento oncológico, sin que exista además una confirmación histológica del tumor.
Esta necesidad de confirmación histológica tiene solo dos excepciones muy específicas: el carcinoma hepatocelular en un paciente con cirrosis, cuando la lesión mide más de dos centímetros y cumple criterios de imagen estrictos, y el glioma con un aspecto típico en la resonancia magnética, cuando el paciente tiene un tumor que no se puede operar. Fuera de estas dos excepciones, la confirmación histológica sigue siendo indispensable.
La histopatología no se limita a confirmar si el tumor es maligno: también define el subtipo histológico del tumor, su grado de agresividad, si los márgenes de la pieza extraída están libres de tumor, y además proporciona el material biológico necesario para hacer un diagnóstico molecular más detallado del tumor.
La física de la biopsia es, en el fondo, la física de tomar una muestra espacial de un sistema que no es uniforme: el tumor tiene heterogeneidad intratumoral, es decir, distintas zonas dentro del mismo tumor pueden tener una biología distinta entre sí, así que la biopsia que se toma de una sola zona del tumor puede no representar la biología del tumor en su conjunto.
Frente a esta heterogeneidad intratumoral, existen dos estrategias que intentan capturarla mejor que una sola biopsia: la biopsia multirregión, que toma muestras de varias zonas distintas del mismo tumor en vez de una sola, y la biopsia líquida, que busca en la sangre del paciente material genético que el tumor libera desde todas sus zonas al mismo tiempo, sin depender de en qué punto exacto del tumor se tomó la muestra. De este modo, la biopsia y el estudio histopatológico siguen siendo la confirmación indispensable del diagnóstico oncológico, aun cuando el propio tumor que confirman no sea, en realidad, un objeto uniforme.
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