D2 Resonancia magnética (RMN)
Tópico
La resonancia magnética explota las propiedades magnéticas de los protones de hidrógeno que hay dentro del cuerpo del paciente, sobre todo los que forman parte del agua y de la grasa, para generar imágenes con un contraste entre tejidos mucho más rico que el que logra la tomografía computarizada, especialmente dentro de los tejidos blandos.
A diferencia de la tomografía computarizada, que mide la densidad electrónica del tejido, la resonancia magnética mide dos tiempos de relajación distintos de esos mismos protones de hidrógeno —un tiempo de relajación longitudinal y un tiempo de relajación transversal—, y esos dos tiempos de relajación dependen de la composición molecular del tejido: tejidos con composiciones moleculares distintas producen tiempos de relajación distintos, aunque tengan densidades parecidas.
Esta dependencia de la composición molecular del tejido es lo que le permite a la resonancia magnética caracterizar al tejido tumoral con mucha más información que la que aporta la simple densidad: puede distinguir si hay necrosis dentro del tumor, si el tumor tiene un componente graso, si hay sangrado, si hay fibrosis, o si hay edema en el tejido que rodea al tumor.
Gracias a esta capacidad de caracterizar el tejido tumoral con tanto detalle, la resonancia magnética es la técnica de referencia dentro de la oncología para varios tipos de tumores: los tumores cerebrales como el glioblastoma, los tumores de próstata mediante una variante llamada resonancia magnética multiparamétrica, los tumores rectales para su estadificación local, el cáncer de mama tanto para evaluar su extensión local como para la detección temprana en pacientes de alto riesgo, los tumores óseos y de partes blandas, y los tumores de cuello uterino, donde ayuda a planificar la braquiterapia adaptativa.
Más allá de estas aplicaciones, la resonancia magnética funcional —que incluye la imagen ponderada en difusión, la perfusión y la espectroscopía— añade todavía más información sobre la biología del tumor, información que ninguna otra técnica de imagen puede proveer. Así, mientras la tomografía computarizada sigue siendo la imagen de referencia para la densidad y la anatomía general del tumor, la resonancia magnética es la imagen de elección cada vez que la composición del tejido tumoral importa más que su densidad.
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