A5.3 Recurrencia y progresión
Tópico
Cuando un tumor tratado vuelve a crecer, puede hacerlo de dos maneras distintas, según el momento en que ocurra: la recurrencia es el crecimiento del número de células tumorales desde la enfermedad residual mínima hasta alcanzar valores que ya se pueden detectar clínicamente, después de un período de respuesta o de estabilización; la progresión, en cambio, es el crecimiento del número de células tumorales mientras el tratamiento todavía está activo, sin que llegue siquiera a haber ese período de respuesta o estabilización.
Aunque la recurrencia y la progresión ocurren en momentos distintos, ambas comparten exactamente la misma física subyacente: en los dos casos, el número de células tumorales había logrado acercarse al estado de control, en el que ese número de células tiende hacia cero, y en los dos casos el número de células tumorales termina escapando de ese estado de control y volviendo al estado de escape, en el que el tumor vuelve a crecer hacia su capacidad máxima.
Lo que distingue a la recurrencia de la progresión no es la física, sino el mecanismo que dispara ese escape del estado de control: la recurrencia emerge de la enfermedad residual mínima cuando esas células tumorales residuales recuperan su tasa neta de crecimiento; la progresión, en cambio, emerge de clonas resistentes dentro del tumor que el propio tratamiento fue seleccionando mientras estaba activo.
La física de la recurrencia es, en particular, la física de la repoblación tumoral: el tumor vuelve a crecer a partir de las células tumorales residuales que quedaron como enfermedad residual mínima, siguiendo la misma cinética de crecimiento —descrita por el modelo de Gompertz o por el modelo logístico— que gobierna al tumor en cualquier otro momento. El tiempo que tarda esa repoblación en volverse una recurrencia clínicamente detectable depende de dos cosas: de cuántas células tumorales residuales quedaron como enfermedad residual mínima, y de qué tan rápido es su tasa neta de crecimiento una vez que se recupera.
Por eso, en los tumores cuya tasa neta de crecimiento es lenta —como el cáncer de próstata de bajo grado o el cáncer de tiroides diferenciado— la recurrencia puede tardar entre diez y veinte años en volverse detectable, mientras que en los tumores cuya tasa neta de crecimiento es rápida —como el cáncer de páncreas, el cáncer de pulmón de células no pequeñas o el glioblastoma— la recurrencia ocurre apenas semanas o meses después del tratamiento. En ambos casos, lo que determina cuándo vuelve el tumor no es el tratamiento que ya se aplicó, sino la misma física de repoblación que gobierna el crecimiento del tumor desde el principio.
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