A5.2 Enfermedad residual mínima
Tópico
La enfermedad residual mínima describe la persistencia de células tumorales dentro del organismo después de un tratamiento que, a primera vista, parece haber sido exitoso, porque tanto las imágenes como el examen del tejido bajo el microscopio muestran una respuesta completa.
La enfermedad residual mínima es, precisamente, el estado que existe entre esa respuesta completa que se observa clínicamente y la curación biológica real del paciente: el paciente parece curado, pero dentro de su organismo todavía quedan células tumorales residuales, entre cien y cien millones de ellas, una cantidad demasiado pequeña para que la detecte cualquiera de los métodos habituales.
Esas células tumorales residuales pueden seguir dos caminos distintos: el sistema inmune del paciente puede mantenerlas en un equilibrio de dormición, en el que ni crecen ni desaparecen del todo, o esas mismas células tumorales residuales pueden, con el tiempo, empezar a multiplicarse de nuevo y repoblar el tumor, lo que se conoce como una recurrencia.
Detectar estas células tumorales residuales es, en sí mismo, un problema de física: la imagen convencional, ya sea la tomografía computada o la resonancia magnética, solo logra detectar un tumor cuando este ya tiene entre cien millones y mil millones de células, lo que equivale más o menos a un volumen de un centímetro cúbico. Por debajo de ese número de células, la imagen convencional deja de ver al tumor, aunque las células tumorales residuales sigan estando ahí.
Por debajo de ese umbral de detección de la imagen convencional, solo pueden encontrar a las células tumorales residuales unas pocas técnicas moleculares ultrasensibles: la búsqueda de material genético del tumor que circula libremente en la sangre del paciente, la identificación de células tumorales individuales dentro de la sangre o la médula ósea mediante técnicas especializadas que se usan sobre todo en enfermedades de la sangre, o la tomografía por emisión de positrones con trazadores especialmente sensibles.
La diferencia entre que estas técnicas moleculares ultrasensibles encuentren o no células tumorales residuales —lo que se conoce como enfermedad residual mínima positiva o negativa— puede representar varios órdenes de magnitud en el número de células tumorales del paciente: desde cien millones de células, el límite de lo que ya puede ver la imagen convencional, hasta menos de cien células, el límite de lo que todavía pueden encontrar las técnicas moleculares más sensibles. Esa enorme diferencia es, precisamente, lo que hace que la enfermedad residual mínima sea invisible para la imagen convencional y visible solo para la física de detección submicroscópica que hay detrás de estas técnicas moleculares.
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