D6 Intervención Estructural
Tópico
Las intervenciones estructurales restauran la integridad física de los tejidos dentales y óseos mediante cuatro tipos de procedimientos: la preparación cavitaria, la restauración con materiales odontológicos, los implantes y la cirugía ósea.
Las restauraciones que reemplazan tejido dental perdido —ya sean de composite, de amalgama o de cerámica— deben replicar lo mejor posible las propiedades mecánicas del tejido dental que sustituyen, porque si esas propiedades mecánicas son muy distintas a las del tejido dental original, se generan concentraciones de tensión en la interfaz que queda entre el diente y la restauración.
El módulo de elasticidad del composite, que describe qué tan rígido es este material frente a una fuerza aplicada, resulta considerablemente menor que el módulo de elasticidad del esmalte dental, de manera que en la interfaz entre ambos se produce un escalón de rigidez: el composite se deforma más que el esmalte dental frente a la misma carga, y esa diferencia de comportamiento es precisamente la que concentra tensión en la interfaz diente-restauración.
De manera similar, los implantes de titanio son mucho más rígidos que el hueso alveolar que los rodea, y esa diferencia de rigidez concentra tensión en la cresta ósea pericrestal en lugar de distribuirla de forma pareja como lo haría un diente natural apoyado en su ligamento periodontal. Como el implante de titanio, al ser tan rígido, absorbe la mayor parte de la carga masticatoria antes de que esa carga llegue a transmitirse al hueso alveolar circundante, ese hueso alveolar queda parcialmente descargado, y el hueso que recibe menos carga funcional tiende a resorberse, tal como ocurre con el hueso alveolar de una zona edéntula que deja de recibir carga.
En términos más generales, la forma en que se reparte la carga masticatoria entre una restauración y el diente que la rodea depende de la rigidez relativa de ambos materiales, siguiendo el mismo principio que rige la distribución de cargas entre distintos materiales de un sistema: el material más rígido del conjunto concentra proporcionalmente más carga, y el material más flexible absorbe menos, tal como ocurre entre el reborde edéntulo y una prótesis apoyada sobre él.
Además del desajuste de rigidez, el composite presenta otro problema mecánico: al polimerizar, se contrae en volumen —entre aproximadamente uno y tres por ciento de su volumen total—, y esa contracción por polimerización genera tensiones residuales de contracción dentro de la restauración y en la interfaz diente-restauración. Cuando estas tensiones residuales de contracción superan la resistencia adhesiva que mantiene unida la restauración al diente, la unión en la interfaz diente-restauración falla.
Cuánta tensión residual de contracción termina experimentando el sistema adhesivo depende del diseño de la preparación cavitaria, específicamente de la proporción entre las superficies de la cavidad que quedan unidas a la restauración y las superficies que quedan libres, sin unir: cuanto mayor es la proporción de superficies unidas frente a superficies libres, menos puede la restauración aliviar su propia contracción deformándose hacia las superficies libres, y mayor es la tensión residual de contracción que termina soportando la interfaz diente-restauración.
En conjunto, tanto el desajuste de rigidez entre los materiales como la contracción por polimerización del composite muestran que el éxito de las intervenciones estructurales depende de cuánto logran replicar, en su comportamiento mecánico, al tejido dental u óseo original que reemplazan: cuanto mejor iguala una restauración, un implante o una cirugía ósea las propiedades mecánicas del tejido dental y óseo que sustituye, mejor se conserva la integridad física que las intervenciones estructurales buscan restaurar.
ID:909
