A6 Sensibilidad Dental
Tópico
La sensibilidad dental, también llamada hipersensibilidad dentinaria, es un dolor agudo de corta duración que aparece cuando un estímulo térmico, evaporativo, osmótico o táctil actúa sobre dentina expuesta. A diferencia del dolor dental de otro origen, este dolor agudo cede apenas se retira el estímulo que lo provocó, lo que lo distingue clínicamente de otros tipos de dolor dentario.
La dentina queda expuesta cuando la recesión gingival, la abrasión o la erosión eliminan el esmalte dental o el cemento radicular que normalmente la cubren, dejando al descubierto los túbulos dentinarios que la atraviesan. Cuanto más se expone esta red de túbulos dentinarios, más aumenta la permeabilidad dentinaria, es decir, la facilidad con que cualquier estímulo externo puede alcanzar el interior de la dentina.
Cuando un estímulo externo actúa sobre esta dentina expuesta con su permeabilidad dentinaria aumentada, provoca un movimiento rápido del fluido que llena los túbulos dentinarios. Este desplazamiento del fluido dentinario es la etapa central del mecanismo: el estímulo no actúa directamente sobre un nervio, sino que primero mueve el fluido dentro de los túbulos dentinarios, y es ese movimiento del fluido el que termina generando la sensación dolorosa.
La velocidad de este movimiento del fluido dentinario depende del gradiente de presión que genera el estímulo a lo largo del túbulo dentinario y, sobre todo, del radio de cada túbulo dentinario: el flujo del fluido dentinario aumenta cuando aumenta el gradiente de presión, pero aumenta de forma mucho más pronunciada cuando aumenta el radio del túbulo dentinario, porque esta dependencia responde a la cuarta potencia del radio y no a una relación simplemente proporcional. Por eso, túbulos dentinarios apenas un poco más anchos producen movimientos del fluido dentinario desproporcionadamente más intensos.
Entre los distintos estímulos capaces de mover el fluido dentinario, el frío es particularmente eficaz: al enfriar el fluido dentinario, el frío produce una contracción de ese fluido que genera un flujo centrífugo rápido, es decir, un desplazamiento del fluido dentinario hacia afuera del túbulo dentinario, en dirección a la superficie de la dentina expuesta. Este flujo centrífugo rápido resulta mucho más eficaz para activar la respuesta dolorosa que un flujo lento o de baja velocidad.
Ese movimiento del fluido dentinario, ya sea el flujo centrífugo rápido que genera el frío o el flujo que generan los demás estímulos, activa los mecanorreceptores de las fibras nerviosas A-delta que se encuentran en la unión pulpodentinaria, en el límite entre la dentina y la pulpa dental. Cuando estos mecanorreceptores de las fibras nerviosas A-delta se activan, generan la señal que el sistema nervioso interpreta como el dolor agudo y de corta duración característico de la sensibilidad dental.
Los tratamientos para la sensibilidad dental actúan sobre dos puntos distintos de este mecanismo: unos, como los barnices o la hidroxiapatita precipitada, ocluyen los túbulos dentinarios y así reducen directamente el movimiento del fluido dentinario que dispara el dolor agudo; otros, como el nitrato de potasio, no impiden el movimiento del fluido dentinario sino que bloquean la conducción nerviosa de las fibras nerviosas A-delta, de modo que aunque los mecanorreceptores se activen, la señal ya no llega a interpretarse como dolor agudo. En ambos casos, el objetivo es interrumpir en algún punto la cadena que va de la dentina expuesta al dolor agudo que define a la sensibilidad dental.
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