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D8 Biomarcadores en sangre y LCR (tau, amiloide, neurofilamentos)

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Los biomarcadores fluidos son mediciones cuantitativas de moléculas específicas en la sangre o en el líquido cefalorraquídeo que reflejan de forma directa los procesos patológicos subyacentes de cada enfermedad.

La concentración de beta-amiloide 42 en los biomarcadores fluidos, y la razón entre esa concentración de beta-amiloide 42 y la concentración de beta-amiloide 40, se derivan directamente de la cinética de agregación de beta-amiloide que describe el modelo de la enfermedad de Alzheimer: cuanto más avanza esa agregación de beta-amiloide dentro del cerebro, más se refleja ese avance en la concentración de beta-amiloide 42 que se mide en los biomarcadores fluidos.

De manera similar, la tau fosforilada plasmática, uno de los biomarcadores fluidos que se miden en sangre, refleja directamente la misma tau fosforilada que el modelo de la enfermedad de Alzheimer describe internamente: cuanto mayor es la tau fosforilada que se acumula según ese modelo de la enfermedad de Alzheimer, mayor es la concentración de tau fosforilada plasmática que se detecta en la sangre.

La cadena ligera de neurofilamento es otro de los biomarcadores fluidos, y a diferencia de la beta-amiloide 42 y de la tau fosforilada plasmática, no es específica de una sola enfermedad, sino un marcador sensible de daño axonal en general: la cadena ligera de neurofilamento extiende directamente la variable de integridad del citoesqueleto que ya se usa tanto en el modelo del traumatismo craneoencefálico como en el modelo de la esclerosis lateral amiotrófica, de modo que cuanto más se deteriora esa integridad del citoesqueleto según cualquiera de esos dos modelos, mayor es la concentración de cadena ligera de neurofilamento que aparece en los biomarcadores fluidos.

Además de reflejar el proceso patológico de origen, cada uno de estos biomarcadores fluidos sigue su propia cinética de liberación y de aclaramiento dentro de la sangre: entra a la sangre a una velocidad que depende de cuánto se está generando en el tejido de origen, y sale de la sangre a una velocidad que depende de cuán rápido lo elimina el organismo, de forma parecida a como un compartimento se llena por un lado y se vacía por el otro.

El desempeño diagnóstico de cada uno de estos biomarcadores fluidos se evalúa formalmente mediante dos cantidades: su sensibilidad, es decir, qué tan bien detecta a las personas que realmente tienen la enfermedad, y su especificidad, es decir, qué tan bien descarta a las personas que no la tienen. Tanto la sensibilidad como la especificidad de un biomarcador fluido dependen del punto de corte que se elija para decidir si una concentración medida cuenta como positiva o como negativa.

Para resumir cómo cambian juntas la sensibilidad y la especificidad de un biomarcador fluido a medida que se recorren todos los puntos de corte posibles, se construye una curva que grafica una cantidad frente a la otra, y el área que queda bajo esa curva resume, en un solo número, el desempeño diagnóstico global de ese biomarcador fluido: cuanto mayor es esa área, mejor distingue el biomarcador fluido entre las personas enfermas y las personas sanas.

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gphysics.net - Dr. Willy H. Gerber
Palos Verdes, Costa de Corral, Región de los Rios, Chile