Usuario:

A5 ACV isquemico (penumbra, cascada excitotoxica)

Tópico

El tejido cerebral depende de un flujo sanguíneo cerebral constante para mantener su actividad. En el accidente cerebrovascular isquémico, ese flujo sanguíneo cerebral cae de forma regional en una parte del tejido cerebral, una extensión directa del mismo flujo de entrada ya usado para describir el aporte sanguíneo del tejido cerebral en otro modelo. Esta caída regional del flujo sanguíneo cerebral compromete la producción de energía celular del tejido cerebral, siguiendo el mismo balance energético ya usado para describir el metabolismo del tejido cerebral en otro modelo. Dentro del tejido cerebral, es la neurona la que sufre directamente esta falta de energía celular: sin energía celular suficiente, el funcionamiento de la bomba de sodio y potasio de la neurona se compromete, la misma bomba de sodio y potasio ya definida en otro modelo.

Cuando la bomba de sodio y potasio de la neurona falla, la neurona ya no puede mantener sus gradientes iónicos normales, y esta falla energética desencadena la liberación excesiva de glutamato al espacio extracelular que rodea a la neurona. El glutamato liberado en exceso activa de forma sostenida un tipo específico de receptor de glutamato en la membrana de la neurona, siguiendo la misma cinética ya usada para describir la activación de receptores de glutamato en otro modelo, y esta activación sostenida provoca una entrada masiva de calcio hacia el interior de la neurona. Cuanto más glutamato se libera y más tiempo permanece activado ese receptor, mayor es la entrada de calcio a la neurona, y esta entrada masiva de calcio, conocida como excitotoxicidad, es la que compromete directamente la viabilidad de la neurona.

Esta pérdida de viabilidad de la neurona no ocurre por igual en todo el tejido cerebral afectado: según la severidad de la caída del flujo sanguíneo cerebral, dentro del tejido cerebral se distingue un núcleo isquémico, donde la caída de flujo es tan severa que la neurona pierde su viabilidad de forma irrecuperable, de una zona de penumbra, donde la caída de flujo es menos severa y la neurona todavía puede salvarse si se restaura la perfusión del tejido cerebral a tiempo.

Si no hay intervención que restaure la perfusión del tejido cerebral a tiempo, la zona de penumbra no se mantiene estable junto al núcleo isquémico: la neurona de la zona de penumbra va perdiendo viabilidad de manera progresiva y la zona de penumbra se va reclutando hacia el núcleo isquémico, es decir, pasa a formar parte del núcleo isquémico en vez de conservarse como tejido salvable. Cuanto más tiempo pasa sin que se restaure la perfusión del tejido cerebral, más zona de penumbra se recluta hacia el núcleo isquémico.

Cada fracción de la zona de penumbra que se recluta hacia el núcleo isquémico aumenta el volumen final del infarto que queda en el tejido cerebral, de modo que el tamaño final del daño al tejido cerebral depende directamente de cuánto tiempo transcurre antes de restaurar la perfusión. Por eso, restaurar a tiempo la perfusión del tejido cerebral es lo que determina cuánta zona de penumbra logra salvarse y cuánto se limita, en última instancia, el volumen final del infarto que sufre el tejido cerebral tras el accidente cerebrovascular isquémico.

ID:4287

gphysics.net - Dr. Willy H. Gerber
Palos Verdes, Costa de Corral, Región de los Rios, Chile