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E27 Gravedad, Aceleración y Rotación

Tópico

Este sistema vestibular de quien percibe detecta, a la vez, la gravedad, una aceleración lineal y una velocidad angular mediante dos tipos de órganos distintos entre sí: el utrículo y el sáculo, que detectan a esta aceleración lineal y a esta misma gravedad mediante sus propios otolitos, y los tres canales semicirculares, que detectan en cambio a esta aceleración angular a lo largo de los tres planos del espacio. La física de todo este sistema vestibular es, en definitiva, la de un mecanosensor inercial con amortiguamiento viscoso.

Cada otolito de este utrículo y de este sáculo resulta mucho más denso que la endolinfa que lo rodea dentro de esos mismos órganos: esta misma diferencia de densidad entre ambos genera, en consecuencia, una fuerza neta que deflecta a los estereocilios de las células ciliadas ubicadas justo debajo de este otolito, exactamente según la misma mecánica de contacto y deformación que ya establece otro modelo de este conjunto sobre un mecanorreceptor cutáneo. Esta misma deflexión resulta proporcional, en consecuencia, a esta aceleración lineal que experimenta este otolito, incluyendo a esta gravedad misma con la que se abrió este modelo, y es precisamente esta proporcionalidad la que permite al cerebro de quien percibe inferir, en consecuencia, a su propia orientación respecto de esta vertical, exactamente según la misma inferencia activa sobre este entorno que ya establece otro modelo de este conjunto. Que esta aceleración lineal que experimenta este otolito sea mayor hace que, en consecuencia, esta deflexión de estos estereocilios debajo de él, en consecuencia, sea también mayor.

La dinámica de cada canal semicircular de este sistema vestibular es, en cambio, la de un oscilador subamortiguado: este canal semicircular responde, en consecuencia, a esta velocidad angular de quien percibe y no a su posición angular, detectando en consecuencia solo el comienzo y el final de una rotación de ese mismo cuerpo. Cuando este cuerpo gira, en cambio, a una velocidad angular ya constante durante un tiempo prolongado, la señal de este canal semicircular decae, en consecuencia, hacia un estado estacionario mucho más bajo, exactamente según la misma adaptación de un sensor biológico que ya establece otro modelo de este conjunto: este mismo sistema vestibular se adapta, en consecuencia, a esta rotación ya constante, produciendo la conocida ilusión del giroscopio, en la que quien percibe deja de sentir que sigue girando aunque en realidad todavía lo haga. Que esta rotación de este cuerpo se mantenga a una velocidad angular constante durante más tiempo hace que, en consecuencia, esta señal de este canal semicircular, en consecuencia, decaiga todavía más hacia este estado estacionario más bajo.

La transducción mecanoeléctrica de las células ciliadas de este sistema vestibular sigue, mientras tanto, una curva sigmoidal frente a esta deflexión de sus propios estereocilios: la corriente iónica que atraviesa a estos canales de esta célula ciliada resulta máxima cuando estos estereocilios se inclinan hacia un lado particular de esa misma célula, y resulta mínima, en cambio, cuando se inclinan hacia el lado contrario. La escala de esta deflexión necesaria para pasar de esta corriente mínima a esta corriente casi máxima resulta, en consecuencia, extraordinariamente pequeña, comparable en definitiva a la longitud de un solo enlace atómico, una sensibilidad extrema muy similar a la que ya establece otro modelo de este conjunto sobre un sensor biológico particularmente sensible. Que esta deflexión de estos estereocilios de esta célula ciliada se incline más hacia este lado particular de esa célula hace que, según esta misma curva sigmoidal, esta corriente iónica a través de ella, en consecuencia, se acerque más a su propio valor máximo.

Por eso este modelo, con estos otolitos y estos canales semicirculares con las que se abrió, hace que esta gravedad se use, en consecuencia, como una referencia vertical absoluta por prácticamente todo organismo dotado de un sistema nervioso: un estatocisto de un invertebrado marino, este mismo sistema vestibular de un vertebrado, y hasta el estatocisto de una planta, dentro de las células de su propia raíz, usan todos, en consecuencia, el mismo principio físico con el que se abrió este modelo, un cuerpo denso que sedimenta bajo esta gravedad y deforma, en consecuencia, a una estructura elástica que activa, en consecuencia, a un sensor determinado. La resolución angular de este sistema vestibular humano resulta, en consecuencia, suficiente para sostener el control postural de quien percibe, aunque mucho más modesta que esta sensibilidad extrema de estas células ciliadas con la que se abrió este párrafo anterior.

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gphysics.net - Dr. Willy H. Gerber
Palos Verdes, Costa de Corral, Región de los Rios, Chile