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E26 Campos Eléctricos y Magnéticos

Tópico

Esta electrorrecepción, la detección de un campo eléctrico como sentido propio, está presente en un tiburón, una raya, un pez eléctrico y algunos anfibios: las ampollas de Lorenzini de estos elasmobranquios detectan a este campo eléctrico con una sensibilidad extrema, comparable a detectar el campo de una pila doméstica común a una distancia de muchísimos kilómetros. Esta misma sensibilidad extrema le permite, en consecuencia, a este elasmobranquio localizar a una presa enterrada dentro de la arena mediante el campo bioeléctrico que generan, por sí solos, los músculos y los nervios de esa misma presa. Que esta presa enterrada genere un campo bioeléctrico más intenso hace que, en consecuencia, este elasmobranquio logre localizarla desde una distancia todavía mayor dentro de esta arena.

Este campo eléctrico dipolar, dentro del agua salada que rodea a este elasmobranquio, cae con la distancia mucho más rápido que la luz o que el sonido que ya establece otro modelo de este conjunto: esto limita, en consecuencia, el alcance efectivo de esta electrorrecepción a una distancia bastante corta en la mayoría de estas especies. Esta misma agua de mar, sin embargo, densa y muy conductora, permite en cambio que incluso un potencial bioeléctrico pequeño produzca, dentro de ella, una corriente todavía detectable por estas mismas ampollas de Lorenzini. Que este campo eléctrico dipolar caiga con la distancia todavía más rápido que esta misma velocidad de caída con la que se abrió este párrafo hace que, en consecuencia, este alcance efectivo de esta electrorrecepción, en consecuencia, resulte todavía más corto.

Un pez como el apteronótido o el mormírido genera, en cambio, su propio campo eléctrico, y detecta después las perturbaciones que un objeto cercano produce sobre ese mismo campo, una electrolocalización activa muy distinta de esta electrorrecepción pasiva con la que se abrió este modelo: este campo eléctrico propio, ya dipolar, se distorsiona al pasar junto a un objeto conductor o dieléctrico, y esta misma distorsión resulta detectada, en consecuencia, por la diferencia entre las ampollas de Lorenzini de un lado del cuerpo de este pez y las del lado opuesto de ese mismo cuerpo, de un modo comparable a la misma comparación entre ambos lados del cuerpo que ya establece otro modelo de este conjunto para localizar a una fuente sonora. Esta misma comparación entre ambos lados del cuerpo de este pez le permite, en consecuencia, alcanzar una resolución espacial extraordinariamente fina sobre este objeto cercano. Que este objeto cercano a este pez sea más conductor, o más dieléctrico, hace que, en consecuencia, esta distorsión de este campo eléctrico propio de este pez, en consecuencia, resulte más intensa y más fácil de detectar entre ambos lados de su propio cuerpo.

Esta magnetorrecepción utiliza, en cambio, dos mecanismos propuestos muy distintos entre sí: un primer mecanismo mecánico, en el que un cristal de magnetita dentro de una célula especializada actúa como una brújula mecánica, alineándose con este campo magnético terrestre y activando, en consecuencia, a un mecanorreceptor de este mismo organismo que ya establece otro modelo de este conjunto mediante esta misma rotación; y un segundo mecanismo, en cambio, puramente químico, en el que un par de electrones radicales dentro de una molécula sensible a este campo magnético, presente en el propio ojo de este organismo, resulta afectado por ese mismo campo magnético terrestre a través de su propia química interna. Que este organismo utilice, en cambio, a este segundo mecanismo químico en lugar de a este primer mecanismo mecánico hace que, en consecuencia, esta magnetorrecepción de ese organismo dependa de una reacción química sensible a este campo magnético en lugar de depender de un cristal de magnetita que gira mecánicamente dentro de él.

Por eso este modelo, con esta electrorrecepción extrema y esta magnetorrecepción con las que se abrió, hace que un voltaje inducido aparezca, en consecuencia, a través del cuerpo de un pez que nada dentro de este campo magnético terrestre: este voltaje inducido resulta detectable, en consecuencia, por los propios electrorreceptores de ese mismo pez, precisamente porque su magnitud típica cae justo en el límite de resolución de estas mismas ampollas de Lorenzini con las que se abrió este modelo. Esta misma hipótesis explicaría, en consecuencia, cómo un tiburón o una tortuga marina logran usar a este campo magnético terrestre para su propia navegación oceánica a lo largo de distancias enormes. Que este pez nade a través de este campo magnético terrestre con más velocidad hace que, en consecuencia, este voltaje inducido a través de su propio cuerpo, en consecuencia, resulte mayor y más fácil de detectar por estos mismos electrorreceptores.

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gphysics.net - Dr. Willy H. Gerber
Palos Verdes, Costa de Corral, Región de los Rios, Chile