E24 Temperatura y Flujo Térmico
Tópico
Estos termorreceptores cutáneos de quien percibe detectan tanto una temperatura absoluta como un cambio de esa misma temperatura mediante canales iónicos termosensibles de una misma familia: cada uno de estos canales iónicos se activa, en consecuencia, únicamente por encima o únicamente por debajo de un umbral de temperatura fijo propio de ese mismo canal, un umbral fijo que queda dado, en definitiva, por la energía de activación de su propia transición conformacional interna. Que la temperatura de este tejido de quien percibe cruce a este umbral fijo de uno particular de estos canales iónicos hace que, en consecuencia, sea precisamente ese canal, y no los demás, el que se active dentro de este mismo tejido.
El flujo de calor, y no esta temperatura absoluta con la que se abrió este modelo, es la magnitud física que estos termorreceptores cutáneos en realidad detectan: esto explica, en consecuencia, por qué un metal a temperatura ambiente se percibe más frío que una madera a esa misma temperatura ambiente exacta, porque este metal presenta una conductividad térmica mucho más alta que esta madera, y transfiere en consecuencia mucho más calor por unidad de tiempo desde este tejido de quien lo toca hacia ese mismo metal. Lo que efectivamente se siente al tocar a cualquiera de estos dos objetos es, en definitiva, esta tasa de pérdida de calor desde este tejido hacia ese objeto, y no esta temperatura absoluta de ese mismo objeto. Que un objeto tocado presente una conductividad térmica más alta hace que, en consecuencia, este flujo de calor desde este tejido de quien lo toca hacia ese objeto, en consecuencia, sea mayor, y que ese mismo objeto, en consecuencia, se perciba más frío que un objeto de conductividad térmica más baja a esa misma temperatura.
Esta difusión térmica dentro de esta piel de quien percibe sigue, mientras tanto, la misma ecuación de difusión que ya establece otro modelo de este conjunto: la profundidad de penetración de esta señal térmica, transcurrido apenas un segundo desde este contacto con un objeto, alcanza justo la profundidad donde se ubican estos termorreceptores cutáneos con los que se abrió este modelo, dentro de esta misma piel. Esto implica, en consecuencia, que estos termorreceptores cutáneos responden con un retardo determinado frente a este contacto, un retardo que coincide, de manera notable, con el tiempo de reacción real que necesita quien percibe para retirar su propia mano al tocar un objeto ya caliente. Que un objeto tocado esté más caliente hace que, en consecuencia, este mismo retardo de respuesta de estos termorreceptores cutáneos no cambie por sí solo, aunque sí determine, en cambio, cuánto tiempo transcurre antes de que quien percibe logre reaccionar frente a ese mismo calor ya detectado.
La adaptación de este termorreceptor cutáneo explica, en cambio, por qué un baño caliente se percibe progresivamente menos caliente con el paso del tiempo: la tasa de disparo de este termorreceptor cae, de manera exponencial, desde un valor inicial alto, propio de esta respuesta ante un cambio reciente de esta temperatura, hacia un estado estacionario mucho más bajo, proporcional en cambio a esta temperatura absoluta ya constante de este mismo baño. Este mismo sistema termorreceptor resulta, en consecuencia, mucho más sensible a un cambio reciente de esta temperatura que a una temperatura ya constante, exactamente según la misma lógica de un umbral diferencial que ya establece otro modelo de este conjunto sobre un sensor biológico. Que esta temperatura de este baño permanezca constante durante más tiempo hace que, en consecuencia, esta tasa de disparo de este termorreceptor cutáneo, en consecuencia, siga cayendo hacia ese mismo estado estacionario más bajo.
Por eso este modelo, con este flujo de calor y esta adaptación con las que se abrió, hace que el umbral de detección de un cambio de esta temperatura resulte sorprendentemente bajo para este sistema termorreceptor cutáneo: esto exige, en consecuencia, que estos termorreceptores cutáneos amplifiquen a una variación pequeña de este flujo de calor hasta convertirla en un cambio ya significativo de su propio potencial de membrana, mediante una ganancia interna considerable dentro de cada termorreceptor. Una serpiente como la pitón detecta, con su propio órgano loreal, a una presa de sangre caliente mediante un umbral de detección todavía mucho más bajo que este mismo umbral humano, gracias a una ganancia interna todavía mayor dentro de ese órgano especializado. Que este órgano termorreceptor de una especie determinada presente una ganancia interna más alta hace que, en consecuencia, este umbral de detección de un cambio de esta temperatura, para esa misma especie, en consecuencia, resulte todavía más bajo.
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