E21 Canal Electromagnético
Tópico
Esta radiación electromagnética es, entre todas las magnitudes físicas de este entorno que ya establece otro modelo de este conjunto, el canal sensorial más rico en información de todos: esta misma radiación electromagnética cubre un rango de frecuencias enorme, desde una onda de radio de frecuencia muy baja hasta un rayo gamma de frecuencia muchísimo más alta. Los ojos biológicos acceden, principalmente, solo a un rango visible muy estrecho dentro de todo este rango de frecuencias, aunque muchas especies detectan, además, al ultravioleta, como un insecto o un ave, al infrarrojo cercano, como una serpiente de foseta, o al infrarrojo térmico, como algunos peces o los vampiros. Que una especie determinada acceda a un rango de esta radiación electromagnética más amplio que el rango visible humano hace que, en consecuencia, esa especie perciba información sobre este entorno que un ser humano, limitado a ese rango visible más estrecho, no logra percibir en absoluto.
La energía de cada fotón de esta radiación electromagnética determina, en consecuencia, cuáles de estos fotones logran desencadenar una reacción fotoquímica dentro de un fotorreceptor: en el ojo humano, los opsins de ese mismo fotorreceptor absorben, específicamente, a los fotones de este rango visible con el que se abrió este modelo. Un fotón de este ultravioleta lleva, en cambio, demasiada energía consigo, y termina dañando en consecuencia a las células de este mismo fotorreceptor en lugar de activarlas de manera controlada; un fotón de este infrarrojo térmico lleva, por el contrario, muy poca energía consigo, insuficiente para activar a estos mismos fotoquímicos de este fotorreceptor visual, razón por la cual un ser humano no logra ver directamente a este calor que ya establece otro modelo de este conjunto. Que la energía de un fotón particular caiga fuera de este rango que estos opsins del ojo humano logran absorber hace que, en consecuencia, ese fotón no logre desencadenar a esta reacción fotoquímica dentro de este fotorreceptor.
La ley de Planck y la ley de Wien explican, en conjunto, tanto el espectro de esta radiación electromagnética que emite el sol como el que emite el propio cuerpo humano: este ojo humano evolucionó, en consecuencia, sensible precisamente al pico de este espectro solar, mientras que una serpiente de foseta o un dron infrarrojo, en cambio, capturan en su lugar a esa radiación mucho más débil que emite este mismo cuerpo humano. Existe, además, una ventana dentro de la atmósfera terrestre que deja pasar, con particular facilidad, a una banda de esta radiación electromagnética que coincide, de manera notable, con el máximo de emisión de un animal de sangre caliente. Que un sensor biológico o artificial se sintonice, en cambio, con esta banda de esta ventana atmosférica en lugar de con este rango visible del sol hace que, en consecuencia, ese sensor logre detectar directamente al calor de un cuerpo de sangre caliente que este ojo humano nunca logra percibir.
La ley de Beer-Lambert gobierna, mientras tanto, esta misma absorción de esta radiación electromagnética que ya establece otro modelo de este conjunto, dentro de un tejido biológico, de esta agua o de esta atmósfera terrestre: dentro de esta agua, esta absorción resulta mínima precisamente en la región azul-verde de este rango visible, lo que explica en consecuencia por qué la visión submarina de un pez queda desplazada hacia este azul en lugar de hacia el resto de este rango visible humano. El propio globo ocular humano presenta, además, una absorción muy alta frente a este ultravioleta, protegiendo en consecuencia a la retina de ese mismo daño celular con el que se abrió este modelo, y una absorción mucho más baja, en cambio, frente a este rango visible. Que esta absorción de esta agua sea menor en esta región azul-verde que en el resto de este rango visible hace que, según esta misma ley de Beer-Lambert, esta luz azul-verde, en consecuencia, penetre mucho más profundo dentro de esta agua que cualquier otro color de esta misma luz visible.
Por eso este modelo, con esta absorción selectiva y este rango visible con las que se abrió, hace que la difracción de esta radiación electromagnética fije, en consecuencia, la resolución de cualquier ojo, exactamente según ya establece otro modelo de este conjunto sobre este mismo límite de difracción: la pupila de este ojo actúa, para esta radiación electromagnética que la atraviesa, como una apertura circular, y el mínimo angular que resulta de esta misma difracción coincide, de manera notable, con la separación real entre los conos de la fóvea de este ojo humano, exactamente según ya establece ese otro modelo de este conjunto. Que esta apertura de este ojo, es decir, esta pupila, sea más pequeña hace que, según esta misma difracción de Fraunhofer, este mínimo angular que este ojo logra resolver, en consecuencia, sea mayor, y que esta resolución final de este ojo, en consecuencia, sea peor.
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